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Hablar de México y el cine es como sentarse a platicar con alguien que tiene mil historias increíbles. Porque sí, nuestro país no solo ha sido escenario de películas memorables, también ha sido cuna de talentos, movimientos y momentos que marcaron la historia del séptimo arte.
La Época de Oro: cuando todo brillaba en blanco y negro
Entre los años 30 y 50, México vivió su legendaria Época de Oro del Cine Mexicano. Fue un periodo donde surgieron figuras que hoy son prácticamente mitología cultural. Actores como Pedro Infante, María Félix o Cantinflas llenaron las pantallas con carisma, drama y ese estilo tan mexicano que mezclaba picardía y emoción.
Películas como Nosotros los Pobres o Enamorada no solo fueron éxitos locales, también conquistaron públicos internacionales. México se convirtió en potencia cinematográfica en habla hispana.

De crisis a reinvención
Como toda buena historia, también hubo momentos difíciles. La industria enfrentó altibajos, menos producción, presupuestos reducidos… pero nunca desapareció. Al contrario, se transformó.
En los 90 y 2000 comenzó una nueva ola de cine mexicano, más arriesgada, más cruda, más autoral. Historias distintas, narrativas más intensas y una mirada fresca sobre la realidad del país.

Cine mexicano hoy: entre fórmulas gastadas y joyas invisibles
Aquí es donde la conversación se pone interesante. El cine mexicano actual vive una dualidad curiosa: por un lado, una avalancha de comedias comerciales que muchas veces repiten fórmulas, chistes reciclados y guiones que parecen hechos en piloto automático. No es que la comedia sea el problema —México tiene una tradición humorística brillante—, sino la falta de riesgo y creatividad en buena parte de lo que llega a cartelera masiva.
Mientras tanto, en otra esquina menos iluminada, existen propuestas documentales, independientes y experimentales que están contando historias poderosas, valientes y profundamente humanas… pero con mucha menos visibilidad.
Películas que exploran realidades sociales, miradas íntimas, lenguajes cinematográficos distintos y narrativas frescas suelen quedar relegadas a festivales, circuitos culturales o funciones limitadas.
Y aquí vale la pena hacernos una pregunta incómoda pero necesaria:
¿Qué tipo de cine estamos apoyando como audiencia?
Darle más espacio a lo documental, al cine independiente y a las propuestas experimentales no es “ponerse intelectual”; es ampliar el panorama, descubrir nuevas voces y permitir que la industria crezca más allá de lo predecible.
Además, espacios como la Cineteca Nacional siguen siendo refugio esencial para este tipo de cine que rara vez domina los cines.
Más que entretenimiento
El cine en México no es solo diversión. Es identidad, memoria, crítica social, arte y emoción. Es una forma de vernos, cuestionarnos y contarnos al mundo.

