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Por Fernando González
Si últimamente has visto más chapulines en menús, pan de masa madre por todos lados o restaurantes presumiendo de dónde viene cada jitomate, no es coincidencia. La gastronomía mexicana está viviendo un regreso a sus raíces, pero con un giro muy actual.
Del mercado al plato: la fiebre del kilómetro cero
Cada vez más restaurantes apuestan por el famoso kilómetro cero: ingredientes comprados directamente en mercados locales, huertos urbanos y hasta chinampas. ¿El resultado? Platillos más frescos, sabores más intensos y una conexión real con productores locales. Comer rico, apoyar a la comunidad y cuidar el planeta… todo en el mismo plato.

Insectos que ya no dan miedo (y sí mucha hambre)
Los insectos dejaron de ser “exóticos” para convertirse en superfoods con estilo. Chapulines, escamoles y hormigas chicatanas ya aparecen en tacos, salsas y hasta en menús de brunch. Son nutritivos, sostenibles y, bien preparados, sorprendentemente deliciosos. Spoiler: no saben raro, saben a México.

Masa madre everywhere
El pan artesanal vive su mejor momento. La masa madre —esa fermentación lenta y paciente— se ha convertido en protagonista en panaderías de CDMX, Guadalajara y otras ciudades. Pan crujiente por fuera, suave por dentro y con sabor real, no ese que desaparece a los cinco minutos. Aquí el pan vuelve a ser experiencia, no solo acompañamiento.

Comer con historia
Este regreso a los ingredientes ancestrales no es nostalgia: es una forma de comer más consciente, sabrosa y conectada con nuestras tradiciones. Porque a veces, para innovar, solo hay que mirar un poquito hacia atrás… y darle una mordida.


