Me rodeé de gente que abría mi mente, me enseñaba cosas maravillosas, interesantes pero sobre todo me daban amor. Un amor en el cual lo sexual no estaba en la mesa... Solo era amor que traspasaba la edad, la cultura y el género... Era amor por la mota, por compartir la felicidad y vibrar con el mundo y la naturaleza, de vibrar con individuos a través de la mente. De compartir ideas, pensamientos positivos y compartir amor y paz. Disfrutar de la música y la comida, de la conversación de un amigo que te ama por lo que eres y por la magia que puede existir dentro de ti.
Desde que la conocí, mi gran sueño: la legalización. Mi trabajo ideal: cultivar y repartir la felicidad que me hacía sentir y por supuesto fumar todo el día. La realidad es que era un sueño muy marihuano, ¿dónde se iba a ver que fuera un trabajo fumar marihuana todo el día?
Mi consuelo fue que pocas veces me hizo falta... Siempre llegó a mí cuando la necesité pero siempre en secreto.
El silencio de ser marihuano ante una sociedad que rechaza la idea de un aliado para abrir tu mente, disfrutar y amar más.
No creo que mi familia sepa qué tan marihuana soy pero tal vez tengan una ligera sospecha... Me ha tomado años hacer la incepción en sus cabezas de que no es mala.
Ciento un poco de orgullo en saber que mi madre empezó un tratamiento con CBD, no solo por mi relación con la planta sino por los beneficios que tendrá ella en su vida.
En mis trabajos siempre fue un tabú, un secreto. Fueron contadas las personas que compartían el amor por maría de la misma manera que yo... Pero cada vez que nos encontrábamos era como si encontraras a tu hermano perdido... tu hermano marihuana. Todo se compartía, todo se rolaba pero en secreto.
Poco a poco perdí la vergüenza y me abrí más al amor... Entendí que no estaba haciendo nada malo ni lastimando a nadie. No, la mota no es el problema del narco, todos lo sabemos, pero insistirán en la criminalización, un tema que es absurdo si quiera mencionar.
Era una mujer responsable de mí misma, trabajando en lo que fuera para sobrevivir, pagando mis cuentas y siendo un buen ciudadano. Entonces, ¿por qué habría que esconderme de algo que amaba y me hacía tan feliz? El resultado: comencé a abrirme con la gente que consideraba tener la capacidad mental de entenderlo desde mi punto de vista, o desde el suyo pero siempre y cuando me respetaran, ya sea que fumaran o no. El respeto y en entendimiento de que no cambiaba nada en mí, en mi persona, en mi comportamiento, en rendimiento y en mi producción como buena hormiga trabajadora.
Jamás falté a mi trabajo por estar marihuana y jamás fue un impedimento para mi crecimiento mental o laboral.
Entonces comprendí que tal vez la relación marihuana y yo estaba destinada a ser. Que quizá algo se abriría en mi camino que me hiciera expresar libremente mi amor por ella.
Incluso mi cumpleaños es solo un día después del día mundial de la motita y como buena marihuana siempre llegando un poco tarde, pero no dejo de pensar que de alguna u otra manera era mi destino.