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¿Te gusta Euphoria? ¿Sabes quién es Petra Collins?

Desde que vimos el primer capítulo de “Euphoria” en HBO, no solo se volvió una serie, sino una referencia visual, una cultura; maquillaje, iluminación, encuadres, color… todo parecía tener una identidad innovadora, clara, reconocible, inconfundible.

Pero con el paso del tiempo, esa misma identidad empezó a generar una conversación incómoda: ¿quién es la mente maestra detrás de esta idea?

Detrás de esta pregunta aparece un nombre que cada vez resuena más en la conversación cultural: Petra Collins.

Petra Collins fotografa canadiense
Petra Collins "creativa multifacetica que trabaja en fotografía, película y moda."

Pero para entender por qué su nombre es tan relevante en esta conversación implica ir un poco más atrás.

Petra Collins no es solo una fotógrafa más dentro de la industria. Su trabajo comenzó a destacar desde muy joven, principalmente en plataformas digitales, donde construyó una estética muy específica: imágenes íntimas, con luz suave, tonos pastel o neón, y una representación de la feminidad que se aleja de lo tradicional para mostrarse más vulnerable, más incómoda y, al mismo tiempo, más honesta.

Fotografía tomada por Petra Collins

A lo largo de su carrera, ha trabajado con artistas, revistas y marcas importantes, pero siempre manteniendo una identidad visual muy marcada. Sus fotografías suelen explorar la adolescencia, el deseo, la incomodidad del crecimiento y la relación con el propio cuerpo desde una mirada que mezcla lo onírico con lo cotidiano. ¿Te recuerda a algo?

Más que seguir tendencias, Collins ayudó a definir una estética que después se volvió ampliamente replicada en internet: ese equilibrio entre lo bello y lo inquietante, entre lo delicado y lo crudo.

Fotografía tomada por Petra Collins

Por eso, cuando Euphoria se estrenó, muchas personas no solo reconocieron su estilo, sino que lo asociaron directamente con su trabajo previo.

Antes de que la serie se convirtiera en lo que conocemos hoy, Petra fue contactada para colaborar en el desarrollo del proyecto junto a Sam Levinson. Durante ese proceso, participó en la construcción visual del universo de la serie: desde referencias estéticas hasta decisiones que ayudaban a definir el tono emocional de la historia.

Sin embargo, su salida del proyecto antes del estreno marcó un punto de quiebre.

Cuando Euphoria finalmente llegó a pantalla, muchos espectadores notaron algo que ya era familiar: la estética de luces suaves, tonos saturados, feminidad vulnerable, una sensación entre lo onírico y lo incómodo, recordaba directamente al trabajo de Collins.

Y ahí empezó la conversación.

No se trata de una acusación simple, puesto que no estamos frente a un caso claro de plagio en términos legales. La estética, como lenguaje visual, rara vez puede reclamarse como propiedad exclusiva pero eso no significa que la discusión termine ahí. Porque lo que está en juego no es solo la idea de “copiar” o “inspirarse”, sino algo más complejo: la autoría.

¿Quién construye realmente una identidad visual?
¿Quién la ejecuta?
¿Y quién termina siendo reconocido por ella?

Fotografía tomada por Petra Collins

Para algunos, la relación entre el trabajo de Petra y el resultado final de “Euphoria” es evidente. Para otros, es parte natural de cómo funciona la industria creativa: referencias que se transforman, colaboraciones que evolucionan y proyectos que cambian de dirección.

Pero en medio de esas posturas, hay algo que sigue resonando: la sensación de que ciertas contribuciones pueden diluirse en el proceso, especialmente cuando quien las propone no es quien firma el producto final.

Esta conversación también toca un punto más amplio dentro de la cultura visual contemporánea: cómo se construyen las tendencias, quién tiene el poder de amplificarlas y quién queda fuera de ese reconocimiento.

Fotografía tomada por Petra Collins

Hoy, con el regreso de Euphoria y las nuevas críticas hacia su dirección creativa, esta polémica vuelve a tomar fuerza. Ya no solo se discute si la serie funciona narrativamente, sino también si su identidad visual —uno de sus mayores logros— tiene una historia más compleja de lo que parece.

Tal vez nunca haya una respuesta definitiva pero sí hay una pregunta que sigue abierta, ¿Cuándo una imagen se vuelve parte de la cultura, a quién le pertenece realmente?

La conversación está sobre la mesa. ¿Qué opinas tú?

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